17 de agosto de 2012
Hace 162 años moría el Libertador
General José de San Martín

 

17 de agosto de 2012

 

Hace 162 años moría en Boulogne-Sur-Mer, Francia, el General José de San Martín, nuestro Libertador. Aunque había nacido el 25 de febrero 1778 en Yapeyú (Corrientes), su vida militar se inició en España, en la guerra contra las tropas napoleónicas. En 1812 regresa al país para emprender la lucha por la independencia americana, que se inicia con el combate de San Lorenzo. Con la idea de liberar a Chile y Perú, asume el cargo de gobernador de Cuyo, desde donde organiza el Ejército de los Andes. Chacabuco y Maipú le dieron la independencia a Chile y en 1821 ya estaba en Lima declarando la libertad de ese país. En Guayaquil tuvo una trascendente entrevista con Simón Bolívar, que también luchaba por la libertad de América.
Exiliado en Francia, muy enfermo y solo, San Martín indicó en su testamento que dejaba su sable a Juan Manuel de Rosas “por la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla” y su último deseo fue descansar en la Patria.
Al cumplirse el Centenario de su muerte, el gobierno de Juan Domingo Perón decretó 1950 como el Año del Libertador General San Martín, revalorizando así su figura hasta entonces mantenida en el recuerdo del frío bronce. El 17 de agosto de 1948, frente a un grupo de jóvenes, el Gral. Perón se refería con estas palabras al Padre de la Patria que nos dio la independencia:
“La vida de San Martín constituye la más gloriosa de las de todos los argentinos de nuestra historia. La vida de San Martín no es para ser solamente mentada: es para ser imitada, para que sirva de ejemplo a los argentinos y para que desde la muerte siga acaudillando a muchos millones de argentinos.
San Martín fue el hombre de una causa, de ahí su extraordinaria grandeza. A esa causa ofrendó su vida; a esa causa rindió su espada; para esa causa fue genio, y por esa causa fue proscripto.
Corría el tiempo de los años 1815-16; en ellos, parecía que la causa de la Patria estaba perdida, como si el sol de la libertad hubiera sido eclipsado por la desgracia. El orden interno empezaba a entrar en la anarquía. Los caudillos comenzaban a asomarse. La capitanía general de Chile, en poder del enemigo, sólo obedecía a las órdenes de Marcó del Pont. El Alto Perú, dirigido desde Lima, estaba totalmente en poder de los realistas. Paraguay se había segregado del Virreinato. Uruguay, en manos de los patriotas, soportaba la amenaza de una invasión portuguesa. En Cádiz se preparaba la más grande expedición que habría arribado hasta entonces al Río de la Plata. Solamente Buenos Aires era el refugio de la independencia de estas tierras; el resto de América, donde no gemían bajo el mando de la opresión, no creían ya en el milagro de nuestra libertad.

Como siempre ocurre en los tiempos difíciles, surgieron entonces en nuestra tierra grupos de hombres flojos y grupos de hombres fuertes.
Los hombres flojos mandaron a un embajador para que se entrevistase con Lord Strangford, embajador de S. M. Británica en Río, a efectos de ofrecerle que tomase el gobierno y asumiese la protección de estas tierras.
Se dijo que la empresa de San Martín era una quimera inalcanzable. Se dijo más: que San Martín era un ambicioso y un ladrón.
La Historia –es verdad y es justicia o no es historia- ha debido reconocer el extraordinario valor de San Martín frente a la confabulación de los otros.
San Martín realizaba en Mendoza el trabajo que solamente realizan los grandes de corazón y los grandes de ingenio. Pero los hombres flojos intentaron deponerlo de su gobierno de Cuyo, para que no pudiese llevar a cabo la expedición proyectada. El pueblo de Cuyo, tantas veces glorioso, se levantó entonces e impuso por la fuerza a San Martín en el gobierno. Él, allí con los fuertes, con los hombres a quienes la Patria todo les debe, levantó un ejército; con esos pobres paisanos a los que hoy recordamos en el Soldado Desconocido de la Independencia; con ese pueblo que dio todo a la Patria; con ese pueblo jalonó los caminos de América con los signos de las cruces de sus sepulturas, mientras cuatro politicastros seguían difamando y calumniando al Gran Capitán de los Andes.
Mediante ese corazón bien templado se paró al enemigo en el Norte, se transpuso los Andes, se cubrieron de gloria en Chacabuco, glorificaron hasta el numen de esos hombres extraordinarios en Cancha Rayada y Maipo. Después, el Perú; después, el ostracismo. Esa es la historia de ese hombre, que al volver varios años más tarde al Río de la Plata, rehusó el gobierno diciendo que quería dar a los hombres que tanto mal habían hecho a la República, el ejemplo de demostrarles la diferencia que hay entre un hombre de bien y un malvado, según sus textuales palabras.
Él sólo fue el hombre de una causa: la causa de la Patria. No lo entristecieron ni la calumnia ni la intriga, porque el corazón granítico de los hombres templados en la lucha no cede ni ante la acción destructora del tiempo, ni ante la calumnia o la intriga de los hombres.
Por eso San Martín es dos veces grande: venció al enemigo y se venció a sí mismo con un renunciamiento que lo hizo el más grande entre los grandes.
Jóvenes argentinos: Esta es la lección que en los tiempos perdurará mientras haya un argentino de corazón bien templado.
El mundo está formado por hombres fuertes y por hombres flojos.
Nuestra generación es la generación de una causa. Hemos de luchar por ella si somos fuertes o iremos a pedir la ayuda a terceros si somos flojos.
No debemos ir a buscar ejemplos ni imitaciones en ninguna parte, cuando tenemos en nuestra historia la página más pura que la humanidad ha producido hasta nuestros tiempos. No debemos buscar inspiraciones extrañas cuando el General San Martín, allá en los Andes, hace más de cien años, dejó escrita para todas las generaciones argentinas la gloria y la forma de alcanzarla.
Nos pareció que en este día tan particular para todos los argentinos -sin bandera política alguna- el homenaje realizado por otro grande de la historia, el General Juan Domingo Perón, es el mejor recuerdo hacia un Grande entre los Grandes.
“Gloria y Honor al Gral. José de San Martín”.

 

LORENZO PEPE
Diputado de la Nación (m.c.)
Secretario General