LA VERDAD HISTÓRICA EN LAS RELACIONES ENTRE ARGENTINA Y ESPAÑA

En abril de 1946, debido a que España estaba reuniendo tropas en los Pirineos y, supuestamente, tratando de desarrollar armas atómicas, el gobierno polaco previno al gobierno norteamericano de que España constituía una amenaza para la paz mundial y que la comunidad internacional debía tomar medidas en su contra.
En junio,  la Asamblea General dispuso un boicot diplomático que se mantendría durante cuatro años y dejaría a España completamente aislada en el campo internacional.
Luego de haberse producido la elección de Perón para la presidencia argentina, el gobierno saliente ofreció a España un crédito de 30 millones de pesos para la compra de cereales argentinos.
El acuerdo fue firmado el 30 de abril de 1946, pero, en demostración de que el tema era delicado ante la comunidad internacional, se decidió no hacer público el texto del acuerdo ni los términos del crédito. 
En las ceremonias de asunción del mando, Perón anunció al  jefe de la delegación española, que proporcionaría ayuda a España, e informó de la posibilidad de un acuerdo económico entre ambos países.
 El Convenio Comercial y de Pagos fue firmado el 30 de octubre de 1946 en Buenos Aires y ampliamente publicitado: Argentina concedía a España
- un crédito rotativo anual de 350 millones de pesos por tres años, con opción a renovarlo por otros dos años.
- un préstamo de 400 millones de pesos, a ser devuelto en 25 años, que debía ser utilizado para el pago a la Argentina de las importaciones realizadas por España entre 1942 y 1946
      - el acuerdo aseguraba a España por lo menos 400.000 toneladas de trigo en 1947 y otras 300.000 para 1948, l0o mismo para el período 1949-1950.
      - se convenía la venta de 120.000 toneladas de maíz en 1947 y otras 100.000 al año siguiente. Hasta 1951, España podría importar también carne, aceite comestible, legumbres y otros productos.  

    Por su parte, España debía exportar a la Argentina, hasta fines de 1951,  palanquilla, chapa negra, plomo, corcho, aceitunas y su excedente de aceite de oliva. También enviaría productos textiles y de madera, zinc y mercurio, maquinaria agrícola e industrial, motores eléctricos y a combustible.
Aceptaba  la construcción de barcos para la Argentina en sus astilleros, aunque esto quedó establecido en forma general. Las respectivas marinas mercantes tendrían prioridad para el transporte de mercaderías entre ambos países.
Un punto importante para la Argentina era la adquisición del derecho a establecer zonas francas en puertos españoles, desde donde pudiera exportar sus mercaderías al resto de Europa.  
Las estipulaciones del acuerdo -entre ellas el porcentaje de interés- eran favorables para España.
El acuerdo fue recibido en España con verdadero entusiasmo. El gobierno de España pudo aumentar la ración diaria de pan y en marzo de 1947, el ministro de Industria y Comercio declaraba que el abastecimiento del año estaba asegurado por la carne y el trigo argentinos.
Esto fue la causa de la gran popularidad que la Argentina gozó en España en esos años. La ayuda argentina colaboró asimismo en evitar la implementación de un boicot económico y el retiro de embajadores en contra el gobierno de Franco propuesto en las Naciones Unidas.  
Cuando la mayoría de los países, en cumplimiento de la resolución de la ONU retiraban sus embajadores de Madrid, el gobierno argentino se apresuró a designar su embajador: Pedro Radío.
El gobierno español consiguió la intercesión de la Argentina ante varios países latinoamericanos para tratar de que éstos normalizaran sus relaciones con Madrid.  Perón también trató de interceder en favor de España ante el gobierno de Chile. Asimismo, Bramuglia logró que Brasil apoyara una iniciativa para tratar de anular el boicot impuesto a España por las Naciones Unidas, accediendo al pedido del canciller brasileño de que no se realizara la reunión del Comité Americano sobre Territorios Dependientes, que había sido establecida en la Conferencia de Bogotá con el respaldo argentino.
Por último, el gobierno argentino asumió la representación de España en países que eran francamente hostiles a ésta, como los del bloque soviético. De este modo, en Buenos Aires la embajada española pudo hacer contacto extraoficial con representantes de países que no mantenían relaciones con España.  
Con todo, el acontecimiento quizá más importante en las relaciones argentino-españolas en la época del gobierno peronista fue el viaje realizado por Eva Perón a España. Ella era el símbolo de los barcos cargados de cereales que llegaban de la Argentina a los puertos españoles y representaba a uno de los pocos países amigos.
 En 1948 se firmó el protocolo Franco-Perón, y la visita a Buenos Aires del ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo. El Protocolo Adicional al Convenio de 1946 fue firmado en Buenos Aires el 9 de abril de 1948, aunque fue anunciado unos días antes en un intento por atenuar la repercusión de la exclusión de España del plan Marshall.
La Argentina aumentaba hasta 1.750 millones de pesos el monto total del crédito del cual España podría hacer uso para adquirir víveres y materias primas, a un promedio de 350 millones de pesos anuales hasta fines de 1951.
 Por su parte, la visita del ministro Artajo a la Argentina terminó con la firma de cuatro acuerdos:

  1. estipulaba algunos puntos sobre la inmigración española en la Argentina, permitiendo el ingreso de hasta 350.000 inmigrantes anuales
  2.  autorizaba a los hijos de españoles residentes en la Argentina a hacer el servicio militar en este país en lugar de cumplirlo en España;
  3.  otorgaba igual reconocimiento a los títulos académicos en ambos países,
  4. eximía de impuestos el intercambio de publicaciones.

 En mayo de 1949 volvió a debatirse la situación de España en las Naciones Unidas, la Argentina estuvo otra vez del lado de España. La mayoría de los miembros de la Asamblea General apoyaban la revocación de las sanciones impuestas a España, aunque no alcanzaban todavía los dos tercios necesarios. La Argentina apoyó el proyecto presentado por Brasil, Bolivia, Colombia y Perú, que disponía la libertad de acción para los países en sus relaciones con España.

En diciembre de 1949, surgieron problemas entre ambos gobiernos (Argentina y España) lo que significó prácticamente la reversión de los acuerdos de 1946 y 1948, el nuevo canciller Hipólito Jesús Paz comunicó al gobierno español la suspensión del protocolo. Tanto Perón como el canciller aseguraron a las autoridades españolas que la decisión era una cuestión exclusivamente económica y que las relaciones políticas entre ambos países permanecerían invariables.
Entre 1951 y 1955, el deterioro de las relaciones hispano-argentinas se fue profundizando. El punto crítico de este proceso se produjo a fines de 1954, cuando corrieron rumores en Buenos Aires de que el gobierno de Perón se preparaba para romper relaciones El concepto de la Hispanidad que en un principio había esgrimido Perón como una de sus justificaciones para la amistad con España fue desapareciendo. El presidente argentino finalmente terminó rescatando el concepto de Latinidad para oponerlo al de Hispanidad y buscó una aproximación con Italia.
El contexto internacional había mejorado mucho para España, por lo cual ésta podía prescindir del apoyo argentino. Las Naciones Unidas habían revocado el boicot diplomático en noviembre de 1950, lo que permitió que los embajadores de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos se hicieran cargo de sus embajadas en Madrid y que España fuera admitida en varios organismos internacionales. 
“La única verdad es la realidad”

 

                            

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Nación (m.c)
Secretario General
Ad-Honorem